Si ustedes me permiten, quería leerles un poema de la poeta, como decía Mercedes (refiriéndose a la Dra. Hildegard Rondón de Sansó). Dice “Qué Incongruencia la Poesía”:
En el mundo de las atronadoras motos
con los escapes sueltos;
del tránsito intrincado
que convierte a los vehículos
en pequeñas celdas rodantes:
Un iluso se sienta en el medio de la calle a desnudarse el alma.
¡Qué incongruencia, la poesía!
En una época apresurada
en que no hay tiempo para preámbulos
y el amor se toma
como un objeto desechable;
Alguien se pone a analizarse,
a sufrir por una frase inoportuna
o por una palabra nunca dicha.
¡Qué incongruencia, la poesía!
cuando la gente puede evadirse
con una pastilla de acción prolongada,
o viendo una serie televisiva:
No hay razón para mirarse a sí mismo
ni escrudiñar en los demás
sin que medien razones,
cuantitativamente valorables.
¡Qué incongruencia, la poesía!
A ciento ochenta kilómetros por hora,
en una autopista en la cual los vehículos
forman una larga serpiente que se arrastra;
en un avión que bien pudiera romper la barrera del
sonido
cuando ya se estén sirviendo los platos
descongelados;
en un autobús abigarrado de sudorosos pasajeros,
que han dejado su propia identidad
en otra parte.
en cualquiera de esos sitios
hay un alguien
que comienza a desarticular el mundo que lo rodea
para reconstruirlo a su antojo
en un nuevo registro idiomático.
¡Qué salvación, la poesía!
Eso que nos permite
oír la voz del mundo
a través de una voz amada.
Eso que se sobrepone a las respuestas
de las computadoras
porque está hecho
de desgarramientos espirituales
que su percepción electrónica
no atina a captar.
Sí, la poesía es el único triunfo del hombre
ante la automatización de la vida
es el único triunfo del hombre
cuando se gritan atronadoras consignas publicitarias
que condicionan tus gustos y crean tus valores;
cuando se realizan secretas conspiraciones
en los tenebrosos conciliábulos.
Cuando el mundo se vuelve un lugar inseguro
porque un nuevo salvador
descubre la fórmula
para erradicar el terrorismo,
constituida por tanques y aviones
prisiones perpetuas
sin juicio
mordazas, cadenas
y estado de sitio.
Cuando nadie cree en nadie;
ni siquiera en su psiquiatra
y éste se venga
publicando en un texto erudito
todas sus confesiones.
La poesía es entonces
lo que queda de honesto,
liberado de todas sus cárceles:
metro y rima;
librada a su propio lenguaje.
Pero, ¿dónde está el sitio de la poesía?
¿En los cocktails party
en que todo el mundo
con un trago en la mano
escucha sin oír lo que no le interesa?
¿Estará junto al ruido
atronador de las fábricas,
en las largas cadenas de montaje
donde el hombre ha perdido
su poder de pensar?
¿O habrá que permitirle que compita con la música
que grita en los transistores?
¿O destinarla solamente
a los nuevos bohemios
que constituyen la “inteligencia”
y se reúnen de sábado a sábado
para interdestruirse y autoelogiarse?
La poesía no requiere
ni puesto ni tiempo.
Ella trasciende cosas y circunstancias.
Ella está en la huida y en la desesperación.
En la serenidad y en el hallazgo
de nosotros mismos.
En esa melodía que se quedó pegada en nuestros oídos
como un acto fallido.
En ese recuerdo de algo que no tiene
conexión aparente con el mundo presente.
En el cerrar la puerta
de nuestro hábitat
y quedarnos mirando,
como en una pantalla
lo que pasa allá adentro,
donde se despejan las incógnitas
o donde adquieren
dimensiones fantásticas.
Y como la poesía es arte, y el arte es poesía, nosotros decimos qué incongruencia el arte; bendito sea el arte, ese trabajo de extroversión de quien busca trasladar a otros su mundo interior y exterior a través de colores y figuras, hoy, cuando la máquina pretende sustituirse en el hombre, cuando los celulares, los “Ipods”, los “nintendos”, insisten en imponer la virtualidad de nuestra cotidianidad, en llevarnos al autoautismo.
Sin embargo, los artistas, los pintores, los poetas rasgan sus percepciones, psicoanalizan sus inconcientes, escrutan sus sentimientos, fotografían los paisajes que han acompañado sus momentos y nos entregan como regalo el compendio de sus introspecciones, haciéndolas tangibles para nuestros sentidos, y un instrumento para nuestro reencuentro.
El arte cinético, llamado también Op Art, en sus distintas manifestaciones, como cinetismo o como iluminismo, nace justamente como una necesidad del creador de profundizar en los contenidos sensoriales, e incluso afectivos del espectador, para lograr involucrarlo en el movimiento espacial a partir de su propia e individualizada percepción.
En el cinetismo todo se encuentra sometido a un valor armónico, donde cada forma geométrica tiene su sitio, nada es dejado al azar, todo el diseño conforma una sola forma tramada.
Se juega con la línea como elemento de expresión artística y con su juego, sus travesuras, se busca el dinamismo como contraposición de lo estático.
En el caso de Cruz Diez, se incorpora insistentemente un elemento, el color, se busca saturar la retina con sus variedades e intensidad, para lograr el objetivo buscado una vez comprendido “que el problema no era mirar, sino ver”.
Se trata, pues, de una inducción cromática, de lograr que el color persista en nuestra retina para incorporar nuevos conceptos de tiempo y espacio.
¿Pero cuáles colores, cuáles líneas, cuáles espacios? En nuestro caso, y en eso somos afortunados, el de nuestros paisajes, nuestra geografía, nuestras montañas, nuestros mares, nuestros cielos y atardeceres; pero sobre todo, los de la calidez de nuestras gentes y la sonrisa de nuestros niños. Todo ello, queridos venezolanos, es en nosotros armónico pero también intenso, y es por eso que hemos logrado que hayan sido nuestros artistas precursores de movimientos plásticos revolucionarios de todos los conceptos, como lo es el cinetismo.
Era lógico también que esos paisajes volvieran a los paisajes, que esas sonrisas se encontraran nuevamente en las sonrisas, por eso, el arte en la calle, el urbanismo artístico, la escultura para la gente, las intervenciones urbanas, y lo hicieran a través de ambientaciones cromáticas, cromointerferentes, que recrean nuestros días y se inmiscuyen en el desarrollo de nuestros proyectos. Es el arte para el peatón, el arte para nuestro placer visual, que recuerda que estamos aquí, estamos vivos y sobre todo, que somos seres que interactuamos y nos nutrimos con el ambiente y con las personas que lo colman.
Es esa necesidad de mantener nuestra identidad expresada en las obras que conforman nuestro acervo, lo que sustenta el eje de acción del Centro de Arte La Estancia, como brazo social y cultural de PDVSA, de rehabilitación patrimonial.
La rehabilitación patrimonial como una forma de generar espacios urbanos para el deleite.
La rehabilitación patrimonial desarrollada con el rigor metodológico, artístico, científico y humanístico que garantice el logro del fin, que no es otro que el de la mejora de la calidad de vida del ciudadano a través de una nueva forma de vivir la cultura.
La obra de arte que hoy entregamos, fue concebida como un homenaje a nuestro Andrés Bello, maestro del Libertador, insigne jurista, cuyo legado material encontramos en su Código Civil chileno, inspirador de diversas normas de nuestro ordenamiento jurídico que regulan la vida civil de los seres humanos en las distintas etapas de su vida. Forma parte de las denominadas Fisicromías, dedicadas a la expresión del cromatismo físico, ésta llamada por el autor Fisicromía en Homenaje a Don Andrés Bello a Doble Faz, está conformada a su vez por dos fisicromías, la circular y la oval. Es una clara representación del arte para el peatón, que llegó incluso a manifestarse a través de los diseños en pasos peatonales, que realizara Cruz Diez en nuestra ciudad y en otras. Tiene las mismas características:
Data de 1982, y contó con la proyección del arquitecto Manuel Silveira. La estructura es rectangular y mide 3 metros de alto por 76 metros de largo. Fue realizada con cerámica y aluminio anodizado. Se incluyó el uso de varillas de aluminio en una serie de 700. Consta de dos paredes semicirculares dispuestas de forma cóncava, donde el autor dispuso con varillas de aluminio negro, blanco y tricromo, series de colores que con el efecto de la luz generan tonos que sólo el espectador puede dilucidar en una experiencia personal. Tiene un pedestal de concreto, una estructura metálica compuesta por vigas de 16 cms. por 7,50; dos paredes curvas, dos puertas elaboradas en láminas de hierro, 660 perfiles de aluminio anodizado, 660 aletas de aluminio anodizado, 330 aletas rectangulares, 660 suplementos de aluminio, 5 mil 280 tornillos de acero inoxidable, 330 ganchos de hierro y 300 metros cuadrados de baldosas cerámicas.
Quería contarles, cómo fue el proceso que desarrollamos para llevar a cabo esta nueva intervención, por etapas:
Tuvimos cuatro períodos: el primer periodo fue el de investigación, de enero a marzo de 2007. En esta fase, partiendo del análisis jurídico, la determinación de la titularidad, la documentación relacionada con el Derecho de Autor, se llegó al estudio de planos, antecedentes y ubicación espacial, la elaboración de informes preliminares, la recopilación de información y documentación sobre el proceso de construcción de la obra, el análisis del proyecto original y los detalles constructivos. Se levantó, entonces, toda esta área, a través del Autocad; es decir, de ese sistema técnico muy novedoso que va más allá incluso de la fotografía y de los simples planos, pues transcribe en el lenguaje de computadora lo que estamos viendo en presencia física.
El segundo período, de abril a julio de 2007, fue el llamado por los ingenieros de Procura, que parece como mal castellano; pero es en el que se hicieron los contactos con personas que estuvieron involucradas en la construcción de la obra, el alquiler y acondicionamiento del galpón, la fabricación de prototipos de las baldosas cerámicas, el levantamiento de la información planimétrica digital de todos lo elementos de aluminio y hierro constitutivos de la obra, la presentación y aprobación de oferta de servicios para la fabricación de elementos metálicos.
Luego tuvimos el período de ensamblaje de la obra. En esta etapa se fabricaron las piezas de aluminio: perfiles, aletas, platinas, ganchos de hierro y tornillería; se elaboraron cuatro prototipos de cerámicas hasta lograr el ideal, lo cual duró dos meses; se realizó la entrega del prototipo final, el anodizado de piezas metalúrgicas, la elaboración de cerámicas en serie, la fabricación de los elementos constitutivos de la fisicromía, la supervisión de los procesos de elaboración de baldosas, fabricación de perfilaría y aletas de aluminio, de ganchos de sujeción en hierro, de las baldosas policromas y de la reja lateral de acceso a las instalaciones del Metro de Caracas.
Y el último, octubre a marzo de 2007, el período de montaje: coordinación, supervisión y producción de la Fisicromía; limpieza, desmalezamiento y acondicionamiento del espacio para iniciar los trabajos in situ; limpieza y ajuste de la estructura de hierro (desoxidación y protección); limpieza del zócalo del concreto y reconstrucción de pedestal; instalación de puerta metálica faltante y mantenimiento de las existentes, remoción y recolocación de acabado de granito, instalación de las baldosas de cerámica, traslado de los elementos constitutivos de la obra a la Plaza Venezuela, colocación de perfiles y limpieza general y acondicionamiento.
Las personas involucradas: José Armando Nanín García; teníamos que buscar a las personas que tuvieron que ver con la obra y que lo han tenido siempre. Es decir, tenemos la gran fortuna de poder iniciar desde el principio y hacerlo con el mayor detalle, con el mayor cuidado. En todos los temas de patrimonio, en los temas de rehabilitación, de restauración, nos hemos encontrado con la exigencia de cuido, con la exigencia de la preservación, con la necesidad del mantenimiento de los orígenes, con la necesidad de preservación de los llamados testigos, de los moldes, de lo que pareciera desechable y que puede no serlo, y que puede ser sustituido. Y para eso nos valimos de José Nanín, de Nanín García, quien fuera pupilo del maestro Cruz Diez durante más de 15 años pero que todavía pasa las vacaciones en su casa, y que nos sirviera de contacto permanente con el autor, transmitiéndonos el movimiento de la mente, de las líneas que están seguramente en el intelecto y en el espíritu del autor, a través de su persona. Él estuvo acompañado de un excelente equipo: Ana Babic, Patricia Morales, Ignacio Monke, Albano Sánchez, Oswaldo Galíndez, que desde aquí y desde allá en Oripoto trabajábamos permanentemente, día a día, continuamente.
Luego, con Nanín a la cabeza, por el Taller Cruz Diez, el maestro Carlos Cruz Diez, Jorge Cruz, José Ramón Moreno; desde el punto de vista de las asesorías en materia metalúrgica tuvimos a un profesor de la Universidad Simón Bolívar muy comprometido, el profesor Raúl Colters, experto en ingeniería de materiales, y por supuesto, a las personas que nos acompañaron, pero sobre todo, nuestra gran Dirección de Logística de Petróleos de Venezuela S.A., que tiene a la cabeza a nuestro querido ingeniero Israel Weber.
De tal manera que esos fueron los personajes, esa fue la cotidianidad, y también, e incluso, participó activamente la empresa de cerámicas. Porque imagínense que de esa cerámica teníamos sólo un testigo. Es decir, teníamos una sola pieza que tenía los colores desvaídos, descoloridos por el paso del tiempo, y esa cerámica fue llevada entonces a Valencia, en donde había sido fabricada originariamente pero con una técnica de hace 30 años, con 10 años de obsolescencia. Hubo, entonces, que recrear una nueva máquina, rehabilitar una máquina que estaba en desuso y traer a una persona bellísima, dominicana, que estaba ya jubilada; había trabajado originariamente en la parte técnica de fabricación de las cerámicas, y con un sistema parecido al de las serigrafías, no en serie, no de laminación en serie, no de construcción en serie, se fue haciendo casi artesanalmente, casi a mano; por eso las imperfecciones, el orgullo de las imperfecciones que pueda tener algo que está pintado casi a mano.
Para lograr cada color tardábamos alrededor de 7 días; el final, luego de haber cambiado cuatro prototipos, y de haberlo comenzado a reconstruir otra y otra y otra vez duró dos meses en ser obtenido; cuatro se hicieron. Entonces, el trabajo de la cerámica, el trabajo del anodizado, el detalle de las curvaturas, el detalle de los metales, el detalle de la forma de cortar; es decir, ha sido un trabajo que queríamos ser detallistas en señalárselo, incluso ser fastidiosos en enunciar el contenido de la obra, el número de tornillos, el número de horas, porque consideramos que es esa la forma de transmitirles a ustedes, y a todos, y a nuestra ciudad el amor por la obra, el amor por lo que ella significa, y si no sabemos lo que ello cuesta, si no sabemos lo que está por detrás de todo esto, que fueron 15 meses de arduo trabajo, que en un principio pensábamos un poco menos y después fuimos extendiendo porque tenía que realizarse con el rigor metodológico que merece una obra de cinetismo cromático de Cruz Diez, pero que merece sobre todo nuestra ciudad de Caracas.
De tal forma, siguiendo esa necesaria ruta que ha devuelto el esplendor a emblemáticas piezas artísticas y arquitectónicas, como la Esfera Solar de Jesús Soto, el Abra Solar de Alejandro Otero, el Teatro Tilingo, PDVSA-Centro de Arte La Estancia se enorgullece de haber participado en el sueño de rehabilitar esta monumental obra para el disfrute de todos y todas las venezolanas.
La entrega de esta obra forma parte del proceso de rehabilitación de la Plaza Venezuela, ¡donde confluye el amor por Caracas!, y del eje que la misma conforma con el Bulevar, donde estamos logrando que ¡Sabana Grande brille para ti!
Como una onda expansiva, este proceso de rehabilitación se extiende hacia los predios del muy querido Bulevar de Sabana Grande, lugar pintoresco, generoso, irrepetible, donde se reencuentran las esencias de la pluralidad caraqueña, para volver a hacer de éste un espacio para la gente. Ello requiere de una atmósfera de confianza y seguridad que sólo puede alcanzarse con el trabajo diligente de las instancias públicas y la estrecha colaboración de la ciudadanía. De tal suerte, PDVSA Centro de Arte La Estancia y la Electricidad de Caracas, ahora adscrita al Ministerio del Poder Popular para la Energía y Petróleo, trabajaron en la instalación de una red de 80 postes de 400 W Metal Hide (luz blanca) desde la Avenida Las Acacias hasta Chacaíto, cuya luz brinda mayor seguridad y tranquilidad a toda la comunidad que reside en Sabana Grande, así como al resto de las caraqueñas y los caraqueños que transitan por el Bulevar.
Y con la luz, llegó la música, la poesía y el reencuentro cada fin de semana cuando, en distintos puntos del Bulevar, actividades lúdico-artísticas para grandes y pequeños nos hacen soñar otra vez y, en las noches, en el popular Callejón de la Puñalada resuene el cautivante sonido del jazz y la nostalgia del bolero, para que Sabana Grande brille nuevamente para ti, y Plaza Venezuela sea el lugar donde confluye el amor por Caracas, eje a través del cual se extienden otras zonas de interés cultural, como la Sala Bolivariana de la Casa Santaella, al lado del Panteón Nacional, y el Núcleo de Desarrollo Endógeno Fabricio Ojeda, en el dinámico oeste capitalino, que también cuentan con el auspicio de PDVSA Centro de Arte La Estancia. Tal empeño por estimular la generación de nuevos centros de difusión cultural se circunscribe, además, en la necesidad inminente de ofrecer alternativas de formación y esparcimiento, en el marco del disfrute de mayor tiempo libre.
A través de la sistemática recuperación de nuestra memoria colectiva y la humanización de nuestro espacio vital, PDVSA-Centro de Arte La Estancia pone al alcance de todas y todos el disfrute de la cultura, fundamental actividad humana que goza rango de derecho de disfrute colectivo, consagrado en los artículos 98 y 100 de nuestra Carta Magna. Por supuesto, el gozo de derechos implica el cumplimiento de obligaciones por parte de la ciudadanía que, en consonancia al espíritu participativo e inclusivo que impulsa la revolución bolivariana como nuevo modelo de relación social, debe orientar su poder creador a la siembra de conciencia en torno al uso responsable de joyas patrimoniales y zonas rehabilitadas, para que perduren por siempre como testigos vivientes de nuestra identidad, aprovechando la fuerza organizativa representada en los Consejos Comunales, la propagación y carácter multidisciplinario de las Misiones, las sedes de los Núcleos Endógenos y el liderazgo de los representantes vecinales, entre otras instancias de carácter popular.
El Abra Solar y la Fisicromía han de ser entonces símbolos de corresponsabilidad en la protección y defensa de nuestros íconos, nuestra imagen, nuestra herencia.
El amor por nuestro patrimonio tiene que quedar en el inconciente colectivo, y para ello debemos actuar en conjunto todos los sectores, las comunidades, las escuelas, los vecinos, los medios de comunicación.
Debemos educar para el cuido, para el arte; ya lo estamos haciendo: no se trata sólo de recuperar una obra, sino de mantenernos ligados a través de todos, de cada uno, a quienes llevamos actividades culturales permanentes, a quienes traemos a conocer el abstraccionismo en la placita subyacente al Abra Solar, también recuperada. Se trata efectivamente de la Siembra Petrolera como concreción de los lineamientos y motores de nuestro proceso bolivariano revolucionario.
Pero nuestra mayor satisfacción es el reconocimiento al valor del patrimonio , de la identidad, del espacio público para todos, y es eso lo que hemos sentido cuando nos llaman, como esta mañana, para contarnos las anécdotas sobre los comentarios de los transeúntes; pero sobre todo, por ejemplo, de los taxistas, profesionales urbanos por excelencia, que encuentran en el arte una vía de escape a los flagelos del tránsito, la contaminación, el ajetreo, el ruido atronador de las ciudades, porque son ellos y somos todos los que vamos conformando con nuestro quehacer cotidiano, la Venezuela nuestra.
Sólo de esta manera participativa, alegre y consciente, desterraremos de una vez y para siempre el terrible pesimismo de lo imposible y lo sustituiremos por la Utopía de lo Posible, ideal que inspira el diario quehacer en el Oasis Cultural capitalino, y que deseamos proyectar como modelo de acción que nos permita alcanzar la meta de vivir en una Caracas bella, con todos sus espacios recuperados, una ciudad paradigma del siglo 21.
Muchas gracias, buenas noches.