La aparición del petróleo durante la segunda mitad del siglo XIX constituyó definitivamente un hecho que modificó el curso entero de la historia de nuestro país, y porqué no decirlo, del mundo. Más tarde, el pozo Barroso fluyó y fluyó por días y días sin parar como la lluvia de Macondo, generando pueblos garciamarquianos y esperanzas casi siempre defraudadas incluso por su entonces huésped, la vieja PDVSA.
Han sido distintas las etapas de la explotación petrolera. Las primeras, casi artesanales, otras más mecanizadas, pero todas, marcadas por la dependencia tecnológica hacia empresas extranjeras.
La actividad petrolera determinó la forma de vida de las llamadas áreas, en éstas, se importó el baseball, la vida cercada en campos, la reunión en clubes, los rangos, el spanglish, el “wachimán”, pero ella no se incrustó en las venas de nuestra tierra para alimentar con sus fluidos el desarrollo y el bienestar de la mayoría.
Es por eso que, la nueva PDVSA, no puede estar ajena a su entorno, no puede crecer hacia adentro, en una suerte de “autoautismo” permanente, debe, por el contrario, responder a las necesidades de la gente, merecedora toda de las oportunidades que estos nuevos tiempos pueden brindar.
El 24 de octubre de 1829 decretó Nuestro Libertador, la nacionalización de las minas, cuyo sentido fuera final y plenamente acogido casi doscientos años después en la hoy vigente Ley Orgánica de Hidrocarburos y de forma definitiva a través de la decisión, en fecha 1 de mayo de 2007, que diera fin a los convenios operativos y asociaciones estratégicas propios de la llamada y nefasta “apertura petrolera”.
La nueva PDVSA como ente tutelado por el Ministerio del Poder Popular para la Energía y Petróleo, como instrumento del y para el Estado, está en la obligación, y así lo ha implantado, de dirigir el petróleo hacia el financiamiento de la salud, la educación, y definitiva, del hombre.
Lo anterior se ha visto concretado a través de la política de Siembra Petrolera, que procura el crecimiento de la población, la mejora de su calidad de vida y el desarrollo económico y social, reinvirtiendo los recursos petroleros para fines sociales y dejando así de lado la política rentística propia de los años previos.
El “Plan Siembra Petrolera” a través de su estrategia nacional, popular y revolucionaria, se adentra ahora sí en las entrañas de la tierra, para bombear y alimentar al corazón de una Venezuela en efervescencia.
PDVSA La Estancia, como inmueble, en su uso, había estado limitado a la realización de actividades privadas de la llamada “industria”. Desde hace tres años, en desarrollo de los preceptos constitucionales y legales que promueven por una parte la participación, hemos asumido el rol de la inversión social y finalmente, el de la protección del derecho a la cultura, convirtiéndonos en expresión de la siembra petrolera.
Tres son sus ejes de acción: el cultural, el social y el de recuperación patrimonial. Ninguno, compartimiento estanco, sino complementos entre sí, hacia adentro y hacia afuera de su sede, para, a través de comunidades, escuelas, niños, auspiciados, y con el apoyo de su todo, esto es, del engranaje que conforman cada uno de las piezas de su ente rector, el Ministerio del Poder Popular para la Energía y Petróleo, ir conformando el sustento del desarrollo.
El ente cultural que recibimos en el año 2005 se caracterizaba por una visión reduccionista y fragmentaria de la cultura, divorciada de las circunstancias políticas, económicas y sociales del país, distinguiendo sus espacios cerrados que impedían una relación activa, democrática y permanente con los creadores, comunidades y nuestra empresa petrolera. Frente a esto, asumimos una actitud positiva del hecho cultural, cuya gestión ha promovido, desde un principio, el compromiso con una nueva valoración de la cultura, más dinámica y acorde con la compleja realidad del país y con una firme conciencia del ejercicio responsable de la prestación artística que la población reclama.
Destacamos e interpretamos el valor de la participación como factor esencial de movilización, organización y cohesión social. Nuestras programaciones culturales y sociales buscan la promoción de energías creativas, constructivas y liberadoras, para que cada visitante pueda advertir y ser copartícipe de la construcción de un nuevo país.
De este modo, PDVSA La Estancia ha dado un vuelco radical a la gestión cultural en cuanto a la definición de una concepción práctica y propia de nuestras políticas, de acuerdo con el artículo 5 de la Ley Orgánica de Hidrocarburos y el Plan Siembra Petrolera, consustanciadas con la necesidad de cambio y cumpliendo un conjunto de acciones concretas radicadas en tres ejes: el Eje de Acción Cultural, promueve conciertos de fin de semana; viernes alternativos; exposiciones individuales y colectivas; charlas y conferencias; talleres, clases y publicaciones. El Eje de Acción Social: activa el Núcleo Endógeno Fabricio Ojeda ubicado en Caracas; planes de bienestar social a través de programas de rehabilitación de hospitales, jornadas de salud, planes educativos y programas de alcance colectivo, siempre dando énfasis al trabajo sostenible y permanente.
Y el Eje de Rescate Patrimonial propicia y apoya la recuperación del arte en espacios públicos, como la Esfera Caracas de Jesús Soto, en la Autopista Francisco Fajardo, el Abra Solar de Alejandro Otero, y la Fisicromía de Carlos Cruz-Diez, en la Plaza Venezuela; la rehabilitación del Círculo Militar, en la ciudad capital; así como también la recuperación del Teatro Tilingo y del Teatro Rajatabla, entre otros.
En el estado Falcón, la construcción del Paseo Turístico Francisco de Miranda y el apoyo al mantenimiento del Casco Histórico de Coro a través de PDVSA. Con estos programas PDVSA La Estancia, ha logrado consolidar y establecer acciones para alcanzar los niveles cualitativos que requiere la vida del venezolano, sin desigualdades ni exclusiones.
En este sentido, en el año 2005 en nuestras visitas al estado Falcón, cuyo desarrollo económico e industrial está estrechamente relacionado con la industria petrolera, soñamos con la idea de realizar en la región de Paraguaná, la primera extensión de PDVSA La Estancia. Una vez asumida la creación de este nuevo lugar cultural, los espacios disponibles de la antigua residencia privada de la alta gerencia petrolera, fueron modificados para cumplir con la multifuncionalidad y permitir ulteriores usos, en virtud de la dinámica oferta cultural, que emprenderemos en esta sede.
Con el invalorable apoyo de Élida Salazar, Gerente de PDVSA La Estancia Paraguaná, Jesús Luongo, Gerente del CRP, y sus comisionados de la Gerencia de Servicios Logísticos y la Oficina de Calidad de Vida del Centro Refinador Paraguaná (CRP), se iniciaron los trabajos de diseño interior y las salas de exposición, jardines e integración de los espacios aledaños.
La transformación espacial responde a características precisas, pues era necesario crear las condiciones para que los visitantes puedan acceder con mayor facilidad. Este cambio de uso exigió crear ambientes funcionales y flexibles, pero también sobrios y equipados técnicamente. Los vastos jardines abiertos, el acceso a un amplio estacionamiento y una prodigiosa vista al mar, hacen del lugar un factor de invaluable atractivo para todos.
Venimos pues a homenajear a Falcón. Tierra de diversidad, de serranías, montañas, médanos, playas mansas y movidas. De atardeceres, dulce de leche, chivo en coco, arepa pelada, nata, de patrimonio, historia, décimas, bailes, de La Vela, de sus locos, de cultura.
Tierra desde sus inicios, revolucionaria, de ideas progresistas, donde la lucha quedara reflejada en las acciones del indio Manaure, más tarde de José Leonardo Chirinos, con sus movimientos preindpedendentistas, en la llegada de Miranda con su bandera primera vez izada en suelos firmes, en Josefa Camejo, mujer de tropas, en Falcón, combatiente de nuestra Federación, en hombres y mujeres de la insurrección de los años 60 y en Alí Primera, cantautor de los que no considera muertos a los que por la vida murieron en lucha.
Estalló en la ciudad de Coro (nombre de este estado hasta 1901), el 20 de febrero de 1859, el movimiento de la Federación. De aquí surgieron las ideas de igualdad, del trato de ciudadanos, la protección del derecho a la vida, al proscribirse la pena de muerte, en fin, el Gobierno de Los Libres. Es en el Cuartel de esa ciudad, donde se dá su primer grito.
El General Falcón y la Federación se retroalimentan de humanismo, hasta el punto de no haber podido el primero separarse de sus tierras paraguaneras, donde regresara constantemente, para escribir y hacer labores, y ésto queremos destacarlo, porque nada es casual, de recuperación patrimonial. Se interesa pues Falcón por la rehabilitación de la Cruz de Coro, madera ella originaria del cují bajo el cual se reunieron por primera el cacique Manaure y el conquistador Juan de Ampíes, así como, por la rehabilitación de la iglesia de Santa Ana.
No en balde emite la UNESCO la declaratoria de Coro como Patrimonio Cultural de la Humanidad, el 11 de diciembre de 2005, pues en los siglos (XVI y XVII), la misma toma importancia como centro económico, por la economía agropecuaria y el movimiento comercial con las islas holandesas. De allí su estructura urbana colonial muy notable, de lo que son testigo los edificios que constituyen buena parte de su riqueza arquitectónica actual. Por otra parte, la arquitectura antillana, en virtud del vínculo con sus vecinos, que se vé reflejado en la casa de la aduana, entre otras.
Es también en esta tierra y gracias al General Falcón que se construye la primera gran obra hidráulica del país. Tal empuje, hacen nacer aquí personajes de avanzada que apoyan también su desarrollo, como Gumersindo Rodríguez, Ministro de Fomento de Juan Vicente Gómez, funcionario incorruptible, quien entendiera la dinámica petrolera como un descubrimiento ahora sí, por parte de los otros mundos.
Es por eso que no es casualidad que fuera la región de Falcón la receptora de otra gran infraestructura, dos importantes refinerías, la de Cardón construida el 7 de mayo de 1949 y la de Amuay, el 3 de agosto de 1950, hoy unidas en un gran complejo, el más grande del mundo, el Centro de Refinación Paraguaná.
Y es allí como estas tierras de diversidad, grandeza, movimientos, insurrecciones, cardones, caquetíes y dulces, no podía ser ajena al riego humanístico del brazo social y cultural de PDVSA, pues todos sus ejes coinciden con ella, ¡no existe casualidad! Hoy, con la artesanía de sus hacedores inicia sus actividades, encendiendo los colores de los gallos de los Ferrer, la versatilidad de las muñecas de trapo, las maderas de cujíes entrelazadas con hilos de eneas y de maíz, para traer Falcón a los falconianos, a través de sus cantos, décimas y bailes, pero también por medio del encuentro de su esencia con la cultura de las regiones que conforman este vasto país Venezuela.
No quería terminar sin recitar al cantautor de la lucha, Alí Primera, quien declama a Paraguaná... y lo hacemos porque hoy Alí, estamos seguros, si viviera, como canción necesaria, escribiría una nueva letra, dedicada a esta siembra petrolera de PDVSA La Estancia.