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Disfruta del texto del programa mensual de agosto 2009
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AGOSTO: LOS CAMINOS DE LA SALSA
PDVSA La Estancia dedica la alegre treintena de agosto a celebrar los géneros que dieron origen a una de las manifestaciones más representativas de la musicalidad latinoamericana con el Festival "Caminos a la Salsa".
En este tiempo de solaz, época para disipar cansancios, reencontrarnos con la familia, sucumbir a los encantos del paisaje y dejarnos acariciar por el sol, proponemos a nuestro público un reencuentro con nuestras raíces caribeñas, con las sendas musicales que condujeron a la consolidación de ese fenómeno social que -bajo el nombre de salsa- aglutina diversos ritmos de nuestra afrolatinoamericanidad: son, guaguancó, mambo, jala-jala, bugalú, porro, guaracha, cha-cha-chá, entre otros.
Adicionalmente, en este agosto de asueto, el brazo social y cultural de la industria petrolera presentará su Festival de Circo 2009, especialmente concebido para más pequeños y pequeñas de la casa -y para los adultos que no renuncian a disfrutar su niño interior. Tal actividad se llevará a efecto tanto en nuestra sede de la Avenida Francisco de Miranda como en el Bulevar de Sabana Grande. Contorsionistas, equilibristas, acróbatas, clowns, catadores de fuego, magos, funambulistas, malabaristas y prestidigitadores nos cautivarán con su carisma escénico, su perfecto dominio del cuerpo y su hazañas.
A continuación, presentamos un texto del intelectual Alejandro Calzadilla, quien profundizará sobre esos vastos senderos que nos condujeron a la gestación de la salsa, orgullo de Latinoamérica.
En La Estancia es la cosa
¿Qué es la salsa? Han pasado ya más de 40 años desde que esta música hizo su aparición y se incorporó a nuestro vocabulario, y la pregunta sigue siendo la misma. Sin embargo, mientras los especialistas invierten su tiempo escribiendo artículos y publicando tratados al respecto, buscando que la ciencia desde lo formal aporte claves para entender los secretos de este misterio musical, la gente común hace lo que mejor se puede hacer con ella: mover los pies y bailarla, incansablemente.
Hablar de salsa es hablar del Caribe y hablar del Caribe es hablar de música. Esta Tierra de Gracia fue, es y será por siempre, un rincón musical del planeta, "la esquina del movimiento", en voz de algún viejo sonero. Es mucho más que ese irreductible mar que, entre calma y huracanes, nos ha unido y separado a lo largo del tiempo, una isla que se repite, un reflejo múltiple de similitudes y diferencias, un continente sonoro.
La música por este lado del mundo, en Caracas o la Habana, es combustible, manera de hablar, cadencia al caminar, en fin parte esencial de la vida misma. Y la salsa, como hecho contemporáneo y regional, es síntesis y lugar de encuentro, a la vez que umbral de buena parte de nuestra experiencia musical común.
Si entendemos la región desde su perspectiva cultural e histórica más amplia, nos daremos cuenta de que desde principios del siglo XX, desde los tiempos del danzón y del Échale salsita, hemos sido la gran orquesta de baile del planeta, creadores de los géneros populares más importantes de los últimos tiempos, como el bolero, el mambo, el blues, la conga, la cumbia, el joropo, el calipso, el reggae, la plena, el merengue y, claro está, la salsa. No exageramos al decir que desde esta parte del mundo hemos puesto, literalmente, a bailar al planeta entero y, reguetón mediante, todo parece indicar que, por un buen tiempo, lo seguiremos haciendo.
Los caminos de la salsa son los mismos del Caribe y su música, por eso este ciclo resulta una suerte de viaje gratuito e imaginario por una geografía musical que, aun sin haberla pisado, seguramente ha sido mil veces recorrida o bailada por todos nosotros. ¿Podría alguien negar que en nuestra cartografía íntima y fantástica están lugares tan distantes como "Puerto Rico... isla del encanto" o que, a pesar del mar, ya hemos viajado "...hasta Santo Domingo a pie", caminado por "Santa Marta, Barranquilla y Cartagena..." o simplemente bailado un buen son montuno en "Santa Isabel de las Lajas... querida"? ¿Puede alguien dejar de lado en su cancionero personal temas como Mi Gente, La Piragua, Pedro Navaja, El Manisero o Llorarás?
Podríamos hacer una lista infinita de canciones y lugares y, cual viajero del siglo XVII, dibujar un mapa choreto pero bonchón de nuestro querido y festivo trópico: Ponce, Mayagüez, San Pedro de Macorís, La Perla, San Agustín Marín, el 23, La Calle Calma, Los Sitios, Tras Talleres, Sincelejo, El Chorrillo, Guantánamo, son apenas ejemplo de ello.
Todos estos lugares, sus gentes, sus historias, sus amores, sus penas y alegrías se juntaron por avatares de la historia en Nueva York, donde lo que primero fue son, luego guaracha y después mambo, se convirtió en salsa. Y a partir de allí, todo sería salsa.
Ese sonido rabioso e irreverente de la juventud latina de la Nueva York de los 60, el de Palmieri y Richie Ray, el de Joe Cuba, Héctor y Willie, se regó como arroz por ese otro Caribe, el de verdad, y allí prendió y tomó sonido propio; la gente y el barrio eran los mismos, latina era nuestra cosa. Cada barrio hizo lo propio y escribió su propia historia, y nosotros también la nuestra. Nuestra épica salsera, la venezolana, está escrita y cantada, y nombres como el de Phidias Danilo Escalona, Federico Betancourt, Juan Sedes, Porfi Jiménez, Calavén, Olinto Medina, Albóndiga, Joe Ruiz, Oscar D'León, El Pavo Frank, Culebra Iriarte o Dimas Pedroza, sólo por mencionar algunos que están allí para recordárnoslo.
Ya es un lugar común decirlo pero, efectivamente, la salsa es un todo, una gran mezcla y pasticho de músicas y rara vez, como en este ciclo, tenemos la oportunidad de escuchar reunidos todos esos ritmos y géneros, que en mayor o menor medida abonaron a favor de su aparición y aportaron en su desarrollo y consolidación: danzón, son, guaracha, mambo, cha cha chá, charanga, pachanga, bugalú, jala jala, bomba, plena, cumbia, porro, gaita, mozambique, jazz, timba, etc., etc., etc...
Bienvenidos, pues, a la República Bailable del Caribe, bienvenidos a la salsa, que suene la primera nota y sin más, como diría el maestro Billo: ¡A gozar muchachos!
Alejandro Calzadilla
Agosto 2009
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